Insomnio

Gritó,
pero nadie podía oírla.
Lloró,
sabiendo que llegaba el final.
Me miró,
despidiéndose de nuestra vida juntas.
Y se fue.
Y entonces grité yo, lloré y volví a gritar.


Las lágrimas se precipitaban por mis mejillas,
la vida se esfumaba de las suyas.
Y desapareció el color,
todo se volvió intangible, y dejé de ver.
Le dije adiós a ella,
a la alegría, la sorpresa, la inocencia.
Crecí,
y aún me odio por hacerlo.


Pero entonces pude sentirme.
Ya no era la princesa de la torre,
era protectora de sus sueños
sabiendo que ella viviría en los míos.
Y aún odio despertar,
despedirme de ella cada día
y volver a ser normal,
volver a ser adulta.

Odio la cordura,
y odio el orden.
Odio la estabilidad,
odio el equilibrio.
Odio la vida para la muerte
Y la guerra por la paz.
Odio ser sin ella...
porque odio ser sin mi.