Diario de una persona no-normal.
Nací hace diecinueve años, y ya entonces llevaba meses en compañía de personas con relativa “discapacidad”.
Con respecto a mi historia, está totalmente ligada a la de mi hermana. Desde niñas, he vivido preocupada (a veces innecesariamente) por ella. Un ejemplo claro se manifestaba durante las tardes que teníamos colegio, ya que nos solíamos quedar en el comedor, y eso implicaba que después, llegase el momento más odiado del día para mí.
Mi corazón se aceleraba cada día durante toda la primaria, cuando llegaban las dos y media de la tarde y las puertas del colegio se abrían. Lo hacían para los alumnos de la eso y bachiller, y no para nosotros. Era la media hora de mayor tensión del día. El temor a que mi hermana se saliera del colegio y se perdiera para siempre me partía el alma, y me hacía contener el aliento hasta que las puertas se cerraban de nuevo y comprobaba que mi hermana seguía, como siempre, jugando con alguna niña de su curso. Me sentía como una especie de superheroína que luchaba contra un villano de enorme boca que cada día, a la misma hora, trataba de robarme a mi hermana. Pero a pesar de todo, sé que si volviera atrás en el tiempo, volvería a ponerme mi “capa” y aceptaría de nuevo, la tarea de proteger a esa niñita de ojos verdes.
Este, desgraciadamente no era el único peligro que acechaba en el periodo posterior al comedor. A veces aparecían nuevos monstruos, que podían ser de mi edad, otras veces mayores, y otras veces más pequeños que yo. Pero el tamaño del monstruo al que me enfrentase no me afectaba lo más mínimo a la hora de evitar que le hicieran daño o se riesen de ella. Nunca he llegado a entender cuál puede ser la satisfacción que encuentran en menospreciar a otra persona por ser simplemente diferente, ni peor ni mejor, solo distinta. Este pensamiento lo extrapolé al resto de mi vida, lo cual provocó, que de alguna forma, fuese más tolerante con las diferencias, porque son solo aspectuales, en esencia, somos lo mismo: personas.
Los años pasaban, y cada vez la gente se alejaba más de ella, es decir, no es que la excluyeran, pero cada niño tenía su grupo, y aunque no les importara estar en compañía de mi koalita, tampoco es que se preocuparan por integrarla en sus ambientes. Esto también tenía su parte positiva, ya que al crecer, la gente maduraba y superaba sus fases como monstruos volviendo a ser seres humanos.
Con los años, esta separación se hacía cada vez más marcada. Había veces que bajaba al recreo y la veía totalmente sola sentada en un banco comiéndose su bocadillo y viendo como los niños jugaban al fútbol. Yo a veces iba junto con mis amigas a sentarme con ella, pero a pesar de todo, ella no nos hacía caso, seguía mirando atentamente el partido como si nosotras no estuviéramos allí. Me sorprendía a diario, con su sonrisa de siempre dibujada en la cara, completamente ajena a cualquier preocupación que pudiera afectar a alguien “normal”. No le importaba estar sola, y mucho menos que la gente la viera así. A veces creo que todos debíamos ser como ella y hacer simplemente lo que queremos, sin pensar tanto en lo que los demás pensarán si te ven haciendo eso o de esa manera.
El hecho de utilizar las comillas al mencionar la palabra normal, radica en que no soporto la aplicación de apelativos como “subnormal” que usualmente se les suele adjuntar a personas con una discapacidad. ¿Quién decide lo que es normal? ¿Qué es lo que te hace ser inferior a la normalidad?
Las personas solemos basarnos demasiado en la apariencia, sin pararnos a observar como son, realmente, los matices de su personalidad, lo que sienten y lo que piensan. De hecho, es un pensamiento relativamente extendido el de considerar que ni si quiera piensan, que son una especie de cachorrito encerrado en el cuerpo de un humano, es decir, sabemos que a veces nos entienden pero nunca nos molestamos en entenderlos nosotros a ellos.
Al menos me tranquiliza el hecho de saber que mi hermana es siempre feliz, un sentimiento que suele transmitir allá por donde va. La considero como la forma femenina de Peter Pan, lo que significa que su mente está tan llena de momentos felices, que es capaz de obviar los tristes y volar, y con ello hacernos volar a nosotros a su lado.
Con respecto a mi historia, está totalmente ligada a la de mi hermana. Desde niñas, he vivido preocupada (a veces innecesariamente) por ella. Un ejemplo claro se manifestaba durante las tardes que teníamos colegio, ya que nos solíamos quedar en el comedor, y eso implicaba que después, llegase el momento más odiado del día para mí.
Mi corazón se aceleraba cada día durante toda la primaria, cuando llegaban las dos y media de la tarde y las puertas del colegio se abrían. Lo hacían para los alumnos de la eso y bachiller, y no para nosotros. Era la media hora de mayor tensión del día. El temor a que mi hermana se saliera del colegio y se perdiera para siempre me partía el alma, y me hacía contener el aliento hasta que las puertas se cerraban de nuevo y comprobaba que mi hermana seguía, como siempre, jugando con alguna niña de su curso. Me sentía como una especie de superheroína que luchaba contra un villano de enorme boca que cada día, a la misma hora, trataba de robarme a mi hermana. Pero a pesar de todo, sé que si volviera atrás en el tiempo, volvería a ponerme mi “capa” y aceptaría de nuevo, la tarea de proteger a esa niñita de ojos verdes.
Este, desgraciadamente no era el único peligro que acechaba en el periodo posterior al comedor. A veces aparecían nuevos monstruos, que podían ser de mi edad, otras veces mayores, y otras veces más pequeños que yo. Pero el tamaño del monstruo al que me enfrentase no me afectaba lo más mínimo a la hora de evitar que le hicieran daño o se riesen de ella. Nunca he llegado a entender cuál puede ser la satisfacción que encuentran en menospreciar a otra persona por ser simplemente diferente, ni peor ni mejor, solo distinta. Este pensamiento lo extrapolé al resto de mi vida, lo cual provocó, que de alguna forma, fuese más tolerante con las diferencias, porque son solo aspectuales, en esencia, somos lo mismo: personas.
Los años pasaban, y cada vez la gente se alejaba más de ella, es decir, no es que la excluyeran, pero cada niño tenía su grupo, y aunque no les importara estar en compañía de mi koalita, tampoco es que se preocuparan por integrarla en sus ambientes. Esto también tenía su parte positiva, ya que al crecer, la gente maduraba y superaba sus fases como monstruos volviendo a ser seres humanos.
Con los años, esta separación se hacía cada vez más marcada. Había veces que bajaba al recreo y la veía totalmente sola sentada en un banco comiéndose su bocadillo y viendo como los niños jugaban al fútbol. Yo a veces iba junto con mis amigas a sentarme con ella, pero a pesar de todo, ella no nos hacía caso, seguía mirando atentamente el partido como si nosotras no estuviéramos allí. Me sorprendía a diario, con su sonrisa de siempre dibujada en la cara, completamente ajena a cualquier preocupación que pudiera afectar a alguien “normal”. No le importaba estar sola, y mucho menos que la gente la viera así. A veces creo que todos debíamos ser como ella y hacer simplemente lo que queremos, sin pensar tanto en lo que los demás pensarán si te ven haciendo eso o de esa manera.
El hecho de utilizar las comillas al mencionar la palabra normal, radica en que no soporto la aplicación de apelativos como “subnormal” que usualmente se les suele adjuntar a personas con una discapacidad. ¿Quién decide lo que es normal? ¿Qué es lo que te hace ser inferior a la normalidad?
Las personas solemos basarnos demasiado en la apariencia, sin pararnos a observar como son, realmente, los matices de su personalidad, lo que sienten y lo que piensan. De hecho, es un pensamiento relativamente extendido el de considerar que ni si quiera piensan, que son una especie de cachorrito encerrado en el cuerpo de un humano, es decir, sabemos que a veces nos entienden pero nunca nos molestamos en entenderlos nosotros a ellos.
Al menos me tranquiliza el hecho de saber que mi hermana es siempre feliz, un sentimiento que suele transmitir allá por donde va. La considero como la forma femenina de Peter Pan, lo que significa que su mente está tan llena de momentos felices, que es capaz de obviar los tristes y volar, y con ello hacernos volar a nosotros a su lado.