Madriguera
Reina la negrura y el misterio. Encerrada en mi viejo escondite, me oculto de la luz que me ciega. Claridad que derrite mis pupilas y permite que las ideas se escapen por las cuencas de mis ojos, como el agua por un grifo abierto. Huyo de todo, como siempre. Siempre he valorado los espacios pequeños, porque es imposible que haya demasiada gente en ellos. Por lo general suelen ser lugares solitarios, y dios sabe cuanto amo la soledad. Desde niña, llevo sintiéndome como un pequeño ratoncito, de hábitos nocturnos y ojos grandes. Preparado para vivir a pesar de estar continuamente al acecho de la muerte. Adoro como mis pupilas se dilatan por la ausencia de fulgor al entrar en una habitación. Es una reacción similar a enamorarse, solo que te ahorras todo el dolor innecesario. Con los auriculares puestos y la música al máximo cierro los ojos y comienzo a perderme en mi mente, hasta que logro olvidar mi cuerpo y dejo de sentirlo. Ya solo impo...